Salimos del puerto de la ignorancia para adentrarnos al mar del conocimiento. Rápido nos dimos cuenta que el mar entero no puede ser navegado en su totalidad. Las tormentas azotaron con fuerza nuestro bote y por poco nos vuelcan hacia lo profundo de la nada. Remamos, izamos las velas y seguimos nuestro rumbo, acompañados de orgullo, seguridad y miedo. Aprendimos mucho y aventamos al fondo muchas otras cosas que habíamos subido al barco. Ajustamos el bote con nuevas maneras y formas de navegar el basto mar, y nos adentramos aún más a lo desconocido.
Pudimos ver a lo lejos a otros botes, disparamos al cielo una bengala pidiendo auxilio pero solo algunos nos dirigieron su mirada. Algunos parecían estar más perdidos que nosotros, otros clamaban saber exactamente donde se encontraban, aunque eso lo dudo mucho. La noche era considerada como día y el día como noche. Curiosamente la estrella polar le indicaba el norte de manera diferente a cada quien que la observara, en el ambiente reinaba el caos y la confusión. Me hinqué de rodillas pidiendo no sé a quién apoyo y dirección… Escuché ecos, pero todos los ruidos apuntaban hacia lugares diferentes. Lloré por mucho tiempo y mis rodillas sangraban, las manos temblaban y mi frente sudaba sal, lágrimas y sangre.
Recuerdo haber seguido viajando y viajando por mucho tiempo en el extenso mar, sin rendirme ante las tormentas y tempestades diarias. Nunca deje de moverme. Algunos otros botes que estaban encallados se reían de mi esfuerzo, otros saltaban de el y no podían volver a subir. Muchos otros me comentaban sus mejores versiones de como navegar por las aguas. No puedo mentir pero algunos ayudaron bastante en mi travesía. Me imposible ignorar a muchísimas personas que nadaban y eran arrastradas por la corriente; al hacer esfuerzos sobre-humanos para intentar rescatarlas gritaban: ¡Déjame nadar! Pero no nadaban, se ahogaban… Los cuerpos hinchados deje de contarlos en los cien. La respuesta siempre era la misma al intentar ayudarlos. ¡Déjame nadar! Repetían y repetían; me dio remordimiento después de un tiempo de verlos y ya ni siquiera ofrecerles mi ayuda. Incluso algunos intentaron robarme mi bote, pero no como piratas. No les interesaba usarlo, sino que buscaban que yo estuviera en la misma situación que ellos.
La nostalgia y la alegría invadieron mis ojos al ver a varios grupos de botes organizándose para adentrarse a aguas lejanas. Zonas a las que solo pocos habían podido navegar antes. Estuve un poco de tiempo con ellos y aunque aprendí mucho, pronto me di cuenta que una gran parte de ellos eran charlatanes, sus intereses no eran los míos. Algunos de esos barcos tenían caras conocidas y muchos otros eran botes insignia a los cuales le seguían muchos otros botes de menor tamaño. Me alejé sin drama y sin enemistarme con ellos. Tomé solamente un rumbo que aunque seguía siendo desconocido y difícil, me era placentero.
Los peligros no cesaron y las bajas fueron muchas.
La Inocencia fue la primera en fallecer tras incontables peleas contra el clima y los piratas.
La Amistad quedó diezmada y poco a poco fue apagando su bello brillo que la caracterizaba al ver el ventajismo colectivo de aquellos botes que se acercaban con bandera blanca pero que estaban llenos de orgullo, soberbia y malas intenciones.
La Esperanza no fue tan fuerte como acostumbraba a ser.
La Prudencia no murió pero quedó como piedra, es un estado tipo vegetal donde se desconoce si escucha o solamente está muerta en vida. Aunque sus ojos siguieron moviéndose sin perder el mínimo detalle de mis acciones.
Recuerdo que el Honor saltó por la borda cuando en una ocasión no había alimento y tuve que comerme a la razón.
De todos aquellos que zarparon conmigo aquel día, solo me acompaña Valentía, con la cual llegaré nuevamente a aquel puerto de la Ignorancia y le reclamaré gustoso el haberme alejado de ella.
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E.H.Ali

Me encantó !! Felicidades
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