Que no se pierda la bonita costumbre de convertir versos en tinta,
de sonreírle al extraño,
abrazar al padre,
y a la madre darle un beso.
Que no se pierda el anhelo, el deseo y la inspiración de lo que quiero,
de compartir lo que sé,
de aprender lo que no sé,
y de recordarme que cada minuto que pasa, vivo y muero.
Que no se pierda el fuego y la fuerza al dormirse y luego levantarse pueblo,
de trabajar loablemente,
de luchar justamente,
y de ser reconocidos como personas, ciudadanos y amigos.
Que no se pierda ni se olvide nunca lo que somos y lo que podemos llegar a ser,
de compartir con los amigos las penas y las alegrías,
de dar y ser sustento, alivio,
y de creer también que hasta el más ciego puede ver a través de las tragedias.
Que no se pierda el recuerdo de los que vivieron e hicieron,
de los que caminaron hacia el progreso,
de los que impulsaron al mundo hacia adelante,
y de los que intentaron. Y de los que intentamos…
Que no se pierda el objetivo del hombre en el futuro próximo que le acontece,
de lo importante y trascendente,
de lo que vive y no perece,
y de lo que alegra, se multiplica y florece.
Que no se pierda el respeto hacia uno mismo, ni hacia el resto de la gente,
de quererse y observarse,
de buscarse y encontrarse,
y de descubrir lo frágiles que somos ante el tiempo y el instante.
Que no se pierda la bonita costumbre de sonreírle a lo que viene,
de sonreírle a lo que fue,
de sonreírle a lo que es,
y de regresarle la sonrisa que tiene el reflejo del espejo.
Que no se pierda nunca esa bonita costumbre de ser yo y aventar versos al aire…
¡Que no se pierda nunca!
E. H. Ali
Es un tema muy sugerente y positivo; me gusta las referencias al hombre trabajador (por cierto, el «he hicieron» es «e hicieron»).
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Muchas gracias por la retro! Me da gusto que te haya gustado. Estoy a tus ordenes!
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