En un reino lejano escuche la siguiente historia:

Bajo las nubes secas de una árida estepa,  discutían los animales quien era el más agraciado por el creador, todos presumían sus cualidades y fortalezas también se mofaban y burlaban de las carencias y debilidades de unos y otros.

Las arañas presumían sus fuertes telarañas, argumentaban que estas eran más resistentes que el acero. Hablaban del complejo diseño de sus tejidos y lo enérgicas que eran sus ocho patas.

Los topos alardeaban acerca de su habilidad para cavar túneles debajo de la tierra a gran velocidad.

Los pájaros gritaban que eran superiores por sus hermosas y aerodinámicas alas. Presumían la velocidad que podían alcanzar con ellas para ir y venir a placer por donde quisieran.

Los monos se burlaban de todos diciendo que ellos eran los más parecidos a los desarrollados hombres y que eso los colocaba por sobre todo el reino animal.

El cocodrilo replicaba que su boca podría destruir todo a su paso.

Las mariposas se vanagloriaban de su belleza incomparable al igual que de su fortaleza para poder migrar a otras tierras lejanas  de abundancia.

Y así, sucesivamente todos hablaron durante horas de ellos mismos y de sus virtudes que les había regalado la existencia; de repente el ciempiés grito fuertemente con una voz ensordecedora.

– ¡Que acaso no ven que yo soy la criatura más desarrollada de la tierra! Tengo cien pies y ustedes a lo mucho llegan a controlar ocho patas, la mayoría de ustedes tienen dos o cuatro patas; ¡Por ende soy superior a todos ustedes!

Un tétrico silencio se escucho alrededor de la alborotada reunión de egoísmo. El comentario del pequeño bicho dio tanta lástima y pena que hizo recapacitar a todos. El silencio se hizo presente. El canguro junto con su cría cerca del pecho, fue hacia el horizonte donde la puesta del sol daba una cátedra de humildad de gran magnitud y se quedo allí, llorando por sus acciones.

El águila en su soledad, que observaba todo desde las alturas, sonrió feliz por el resultado y la lección aprendida por sus compañeros… después de un momento, se lanzó hacia abajo como rayo y devoró al bicho sin que este se diera cuenta de lo sucedido…

 

E. H. Ali