¡Hola! Soy yo de nuevo. ¿Me extrañaste? ¿Me esperabas?

–Tranquilo… tranquilo, no es nadie. Pensé

¡Aquí estoy! Ábreme la puerta, claro que soy alguien. ¡Soy tu!

–Tranquilo…respira, todo pasara pronto. Me dije con voz quebradiza.

¡Hey! Ya no pierdas el tiempo. He venido a visitarte, o ¿Acaso no me quieres contigo? ¿No te quieres a ti mismo? ¿No quieres estar contigo?

–¿Qué quieres? ¡Déjame en paz! Pregunte agitado.

¿Dejarte en paz? Tú me llamaste, tú me pediste que viniera. ¡Ahora me quedo!

–Tranquilo… tranquilo, se irá en cualquier momento. Respire hondo.

No, no me iré; tengo ganas de platicar, espero que de esto salga algo bueno. Aparte siempre que vengo contigo algo aprendes. ¿Me tienes miedo?

–La verdad… te temo y te amo, creo.

Entonces ya me conoces, no tendrás mayor problema para hablar conmigo…contigo.

–Y… ¿Si no te vas nunca?

Sabes que nunca me iré, tu pregunta me ofende, primero, porque ya sabes la respuesta, segundo, porque en verdad no quieres que me vaya… bien lo sabes y bien lo sé querido amigo.

–Solo quiero estar tranquilo…

¡Solo quiero que estés tranquilo! Pero para que eso suceda tengo que venir yo y hacerte temblar, tengo que mostrarte lo que eres y lo que has dejado de ser y hacer, lo que por tu pereza te inquieta y lo que por tu decidía te limitas. Vengo con la espada en la mano. Tendrás que ser fuerte de nuevo amigo.

–He hecho mi mayor esfuerzo…

¿De verdad?

–¡Sí! Me levanto con hambre de aprender, con ganas de ser mejor, actúo, pienso, amo, trabajo, lucho, hago nuevamente y espero…

Si tú dices…

–¿Qué? ¿No me crees?

Te creo.

–Entonces ¿Por qué esa actitud?

Porque si no, no me hubieras invitado, no me hubieras hablado, no estaría aquí contigo…

–Pero te digo, yo no te he llamado, llegaste por tu cuenta, haces temblar mis manos y mi alma, me preocupa tu presencia. Pero también me inquieta tu ausencia. Ya te lo he dicho, te amo y te temo.

Y… ¿Qué esperabas? Sabes, así es el amor, y también así es todo lo bueno de esta vida, todo lo que merece la pena luchar, se le teme al mismísimo amor, al compromiso, a la lucha por una buena causa, se le teme hasta a la misma causa… Aún así, son buenas…

–¿De qué estamos hablando? Estoy perdido en esta conversación que parece que no lleva a ningún lado.

Tan ciego que eres, te contestas tus propias preguntas… Hablamos de lo que te inquieta, hablamos de lo que me dijiste que viniera a hablar contigo.

–Cierto…

Te estás preocupando por cosas que ya tienen respuesta en tu entender. Le temes a la oscuridad, pero también te aterra la luz; le temes a lo que puedes lograr, pero aún más a no lograrlo sabiendo que puedes y está dentro de tus facultades. Conoces tu capacidad y tienes miedo a no hacerlo, ó, al menos a no intentarlo con todas tus fuerzas. Una parte de ti lo sabe, esa parte fue la que me llamo en tono de urgencia, me llamaste a rescatarte, desde una parte que desconoces y no controlas de tu cerebro, de ahí surgió esa llamada.

–Ahora que cogí la pluma puedo entenderte un poco más, puedo hablar contigo de una mejor manera. De hecho me siento mejor… Gracias

Amigo, recuerda que yo soy la pluma en tus dedos y tu eres mis dedos en tu pluma. Soy tus recuerdos, tus metas y respuestas. También soy tus miedos, tus tristezas y agonías… Soy tú… Soy nosotros…

–Tranquilo… sigue respirando… tranquilo… Me dije nuevamente.

Respira… Voy llegando… Respira, voy llegando. Me contesto.

E. H. Ali