¿Quién eres? Preguntó el tigre al perro.
– Soy amigo. Contestó orgulloso el can levantando las orejas y moviendo la cola.

– Soy soporte y alegría para aquel que ha escogido amarme, para aquella persona que en su infinita sabiduría a tenido la piedad de cuidarme y alimentarme. ¡He de ser de el para siempre! Y mi corta vida estará a su servicio para cuando regrese de su trabajo poder brindarle algo de alegría y calor.

– Tus palabras enaltecen demasiado al hombre. Solo eres un perro usado a su conveniencia; voltea a ver a tus parientes y verás que unos sirven para cazar, otros para mera compañía, algunos cuantos para protección o jalar trineos. Se han maravillado tanto de ellos que han olvidado lo que son ustedes. Han perdido su identidad como especie, han sido esclavizados y condenados por un puñado de comida. Comentó el tigre mientras lamía sus patas frontales.

– Viejo amigo. Dijo el perro interrumpiendolo con un tono más serio, dándose cuenta hacia donde se dirigía la conversación. – Nosotros hemos dejado que el río de la evolución sea manejado por nuestros amos y sus necesidades. Hemos hecho al amor nuestra naturaleza y hemos comprendido el valor de la vida en darnos plenamente hacia el prójimo. Somos libres en nuestra condición, y aunque muchos de ellos no se hayan dado cuenta de lo que son para nosotros, estamos y estaremos ahí para ayudarles. Hemos dejado atrás nuestros deseos para cumplir los de ellos. Que logro es poder decir que nuestro instinto básico sea amar en la forma más pura a alguien. No sólo con nuestro olfato les ayudamos a encontrar sus pertenencias sino que los ayudamos a encontrarse a ellos mismos; no sólo con nuestra cola les decimos que estamos felices sino que les recordamos que la vida es una bella aventura; no solo con nuestra lengua saboreamos la comida sino que les mostramos que un beso puede cambiar la historia; no solo con nuestras cortas vidas los hacemos felices sino que nos quedamos dentro de ellos para siempre. Básicamente ayudamos a los humanos a ser más humanos…

El tigre sonrió al escuchar las palabras del perro y salió corriendo a sabiendas de que sería imposible llegar a su presa sin ningún rasguño.


E. H. Ali