El camino era largo, se podía ver el sendero hasta donde alcanzara la vista. Pocos eran los árboles que le acompañaban, de igual manera el camino se veía vivo. Le rodeaban dos planicies repletas de un verde pastizal, los campos que abrazaban al camino les brotaba la vida, conejos, vacas, caballos y grillos se veían por doquier.  El sol iluminaba a todos con brava gentileza, corría una pequeña brisa que mitigaba un poco el calor. Me invadió un sentimiento de gratitud y vi a una distancia de dos tiros de piedra a un árbol poblado de ramas verdes, un lugar perfecto en donde poder descansar mis pasos.

-¡Buenas tardes! Dije con voz alegre a un viejo que descansaba bajo un sombrero redondo color amarillo.

– Buen día viajero. Bienvenido seas al árbol del descanso. Me contesto con voz amable.

– Gracias compañero, pero no tengo mucho tiempo para descansar. Tengo que llegar a mi destino lo antes posible. Los pendientes han inundado mi semana, no puedo permitirme ni un segundo de descanso sin antes acabar todo esto que me abruma. Debo decirlo, me da un poco de envidia verte sentado aquí, descansando, bajo la sombra de un árbol sin nada más importante que hacer; relajaré un poco mis pies solamente y seguiré mi camino. Sonreí con una breve mueca de desprestigio involuntario mientras sacudía mis zapatos del polvo.

– Vaya que eres interesante. Tienes apenas un segundo de conocerme, ni siquiera te he dicho mi nombre, ni a lo que me dedico en esta vida y tú ya me has dicho que no hago sino nada. Y que a pesar de esto te da un poco de envidia ya que te gustaría estar como yo, porque a tu entender tienes demasiadas y muchas cosas que te abruman y llenan el espacio de tu agenda. Querido caminante, no quisiera caer en la misma trampa de la suposición que tú has caído pero, creo que estas mal interpretando mi descanso con el ser un zángano sin quehacer. Y de ahí en adelante no puedo dejar permitirlo porque caeríamos en una gran mentira. Y las mentiras no van con mi actuar. Habló con la misma amabilidad pero con un tono más serio, me sentí un poco tonto por haber juzgado sin siquiera conocerlo. Me intrigó su forma de estructurar sus palabras y de su forma en que se movían sus manos mientras me hablaba. Decidí sentarme a su lado y tomar un breve descanso

– Disculpe usted, lo correcto a un inicio es que me presente adecuadamente. Mi nombre es Aaren, que significa “Montaña fuerte”, es de origen escandinavo. Mi madre me lo dio al nacer y la verdad no tengo ni una idea de porque lo hizo. Mi ascendencia no tiene ni un ápice de rastro escandinavo, soy de pelo negro y bajo de estatura, contrario a las montañas. Y a lo referente a la fuerza me encuentro en el lado opuesto. Débil y frágil, sin nada en la vida que me inspire a las alturas o a gozar las mieles de la vida. Controlé mi boca al darme cuenta que escupía demasiadas palabras hacia un extraño. No solía conversar con nadie, muchos menos con un desconocido; así que, controlé las ganas de seguir hablando de mí y me quede quieto mientras observaba unos conejos jugar alegres cerca de nuestra sombra.

-Un gusto poder conocerle Aaren. Dijo con una sonrisa en la boca. Mi nombre es Damian, hijo de Giordano, de la casa de los Bruno. Amante de los pueblos y las estrellas. Caminante ávido de los senderos de la vida. Sanador sanado del diario vivir. Alfarero de las leyes y formas que conducen mi destino. Amigo y humilde servidor de usted y de aquellos que le siguen. Me quede en silencio por no haber entendido siquiera un porcentaje razonable de lo que decía.

-Gracias por la bella introducción Damian. Un poco dramática a mi parecer. No sé si sea costumbre tuya hablar de esa manera con los extraños. Hablé mientras desviaba mi mirada hacia a otro lado que no fueran esos ojos azules penetrantes.

– Te parece dramática mi forma de presentarme, pero tú has hablado de donde viene tu nombre y me has dado el significado del mismo. También me has comentado que te sientes débil y frágil y que no hay nada en la vida que te haga sentido. Querido Aaren, lo único que veo de dramático en todo esto son las palabras que han salido de tu boca, no de la mía. Lo entiendo y puedo agregar  un poco de empatía al ponerme en tus zapatos. Un hombre en tu posición puede ver la soga que se le es lanzada para sacarlo del pozo como una herramienta para usarse alrededor del cuello. Te pido un poco de apertura, la soga que te ofrezco es para salir del pozo; solamente para eso. Dime lo contrario y con tristeza seguiré mi camino nuevamente esperando que los nuestros no vuelvan a cruzar nunca.

Se generó un silencio incomodo mientras sus palabras se clavaban como agujas una a una en mi corazón. Estaba diciendo la verdad. Un extraño hablaba de mí acertando en todo lo que decía. Me sentí inepto e impotente. Empecé a sentir un calor dentro de mí que me incomodaba demasiado. La vista se tornó borrosa y respire profundamente siete veces. Una pequeña lágrima salió de mi ojo izquierdo, y viendo hacia la verde pradera le dije: – Haz dado en el clavo con tus palabras. Discúlpame si mis modales no son los más apropiados, te pido disculpas también si mis palabras han hecho algún daño a tu corazón. Pero es que me siento devastado, los problemas me inundan de los pies a la boca y ahora me cuesta mucho respirar. No quiero aburrirte con mis detalles dramáticos, pero simplemente no veo la salida. De hecho, te he encontrado en este camino mientras despejaba mi mente, la monotonía y el tedio de los días ha llegado a sofocarme por completo. Mi vida se ha convertido en un laberinto del cual no encuentro la salida. Me considero una persona reservada y no tengo la menor idea de porque te estoy contando todo esto a ti. Supongo que me has brindado cierta confianza, no quiero molestarte por supuesto; pero tú que has dicho que eres un servidor y un sanador sanado de los senderos de la vida. ¿Puedes ayudarme con la mía?

– Querido Aaren, todos hemos venido a este mundo a ser a veces muletas y a veces cojos. En este caso, hoy seré tu muleta donde puedas apoyarte. Pero solamente eso, muleta. Tu tendrás que seguir caminando por tu cuenta para poder avanzar por este camino que le llamamos vida. Me has hablado de laberintos, de monotonía y tedio, de la devastación que sientes en tu corazón y de que te encuentras al borde del colapso. Dime hermano. ¿Quién te ha puesto en esa posición de vivir como vives? Habló mientras acomodaba su cintura en dirección hacia mí. Sacudió la hierba de entre sus manos y puso su vista en mí en señal de atención a una pronta respuesta.

– La respuesta a tu pregunta me desgarra aún más. Contesté temeroso. Nadie ha puesto una pistola en mi cabeza para hacer lo que hago. Yo solo me he enfrascado en esta vida pensando que algún día podría llegar a escaparme de ella. Yo solo he tomado las decisiones, o más bien dejado de tomarlas para que la corriente del día a día me llevara hasta el lugar donde me encuentro.

– Entonces lo sabes. Es algo bueno Aaren, el primer paso ya lo has dado. Reconocer que uno mismo es culpable de lo que le ocurre es el primer paso para cambiar lo actual por algo mejor en el futuro. La rutina es un espiral que nos succiona hacia lo más hondo de nuestra existencia. El hombre ha nacido libre y libre debe vivir para realizarse. Cuando llegue el momento donde tu vida se ha tornado aburrida, abre los ojos y empieza a moverte. Las arenas movedizas quieren llevarte al olvido. Mover las piernas bajo la arena duele, y aquí mí estimado,  es donde te encuentras. En el dolor de salir de lo que te oprime.

– Por favor continua Damian. Le dije con voz quebradiza.

                – Aaren, una de las más grandes lecciones que he aprendido es que, la vida importa tanto como valor le de uno mismo. Debemos tener cuidado en como la vivamos, en como la expresemos, en como la aceptemos, en como la vemos y en como la sintamos. Porque todo parece lo mismo hasta que se analiza a profundidad. Desde mis palabras hasta el cómo respiras en este momento. Todo cambia al ser consciente de lo que pasa dentro y fuera de ti. Todo se modifica en nuestra mente cuando te das cuenta que somos finitos y frágiles. Porque uno modifica de misma manera su estructura cuando se ha hecho cargo de alguien, de una familia, de un ser amado. La vida nos enseña con maestría, sea en el hoy o en el mañana, el aprender sus sabias lecciones. Por lo pronto me regocijo en disfrutar de las mismas, estas sean duras o suaves; el amor es la respuesta a la libertad, es el camino dorado a la comprensión, es la piedra angular de la civilización, es la corriente de los mares que nos transportan a la abundancia. Todo lo que se hace con amor está bien hecho. Entonces, la vida radica en conocer profundamente lo que es el amor. Porque descuidarse es fácil en el largo y corto camino. Terminó su frase con una pequeña sonrisa.

– ¿Qué es el amor? Querido amigo. ¿Cómo lo veo entre tanta suciedad? ¿Cómo lo adopto a mi vida? Pregunte de forma desesperada pero con una confianza plena de que escucharía una respuesta sensata que calmara mis ansias.

                – En este día, puedo decirte lo que es el amor para mí. A mi entender te compartiré mis palabras, solo para que adoptes lo que más te convenga y sirva en tu vida.  Trague saliva como si mi vida entera dependiera de sus siguientes palabras. Y continúo diciendo:

El amor es una luz en un sendero oscuro, el cual está rodeado de espinas. Es una guía de a dónde ir cuando se está perdido. Él es un camino y un destino. El amor es la salvación de una noche de angustia, el agradecimiento a la vida en una noche de victoria. Es la sonrisa de la mañana. Es ver al mundo con compasión, con ojos de vida, con la intención de progreso. El amor mueve al mundo en la dirección correcta porque piensa y actúa hacia los demás, se mueve hacia a todos. Nadie está fuera del amor. Este no discrimina ni hace más ni menos a alguien. A todos nos enaltece y nos da agua cuando por imprudencia nuestra alma arde. Todos ardemos diferente y por razones diferentes; y de la misma forma a todos nos sacia y apaga las llamas.

El amor es silencioso, pero al mismo tiempo hace ruido, nos levanta en alerta para seguir adelante. Es como un enigma que no puede explicarse, ni comprenderse en su totalidad. No es egoísta y siempre busca la sonrisa profunda, la sonrisa sincera. Esas que no se olvidan.

El amor es fundamental para nuestra salud, nuestro cuerpo lo pide, todo nuestro sistema está basado en el, de una u otra manera. No lo entendemos, pero lo sabemos. El mundo también lo sabe, lo solicita a diario. Todos quieren al final un abrazo, todos quieren ser entendidos. Todos quieren una parte de él. Anhelamos su compañía, y es común que se nos olvide invitarle a nuestras rutinas. Es el progreso per se.  Él es sencillo y complicado a la vez porque se mueve rápido, no es estacionario. Está vivo y las formas de amar se manifiestan en incontables maneras, generalmente traen como acompañante al respeto, al apoyo, a la humildad, a la compasión, la acción y el compromiso. Usa como sinónimo a la verdad. El amor no cabe en unas palabras, tampoco en unas líneas, lo es todo y para todos. Porque en esta vida nada puede ser sustentado si no hay amor, en esta vida todo sería gris e insípido en su ausencia.

Y se resume fácilmente en amar a la vida misma, a lo que uno hace, al prójimo y a uno mismo. Ama y vive. Vive y deja vivir.

Mis ojos abrieron sus pupilas al máximo y le volteé a ver con una mirada de asombro.

– Por favor háblame de la paz. Pregunté con la emoción de un niño.

                – Siempre se puede bañar en las aguas de la paz. Sumergirse no es cuestión de lugares o personas que te rodeen. No niego que estos influyan en gran manera pero, no son totalmente necesarios para llegar al estado divino de la paz. Ella, en el mundo, no es más que la manifestación de sí misma en el interior de los individuos que coexisten en armonía. Por ende, siempre es necesario buscarla primeramente ahí dentro. Voltear a ver hacia dentro de uno mismo.

A lo largo del tiempo la paz ha sido interpretada de muchísimas maneras. Algunos la llaman Nirvana, algunos otros Gracia. Otros simplemente la definen como un estado de tranquilidad interna y externa. Eso no importa, siempre y cuando nos lleve al amor. Lo que te decía hace un momento querido amigo, de hecho, el principal ingrediente de la paz es el amor y del amor la paz.

No se puede decir que la paz es simplemente la ausencia de guerras o algún conflicto, no debemos confundirnos; la paz vive en un plano presente que acaba por convertirse en eterno, es bondadosa y ama todo lo que le rodea. Cuando uno la experimenta se da cuenta que nuestra vida es solamente un parpadeo en la historia, y da gracias al creador por su existencia y la de todos. La paz es una consecuencia de la conciencia activa e impulsa a la gran locomotora de nuestras civilizaciones. Las impulsa hacia el camino del progreso y la unidad. Hacia el afecto y la cooperación de todas las especies. En pocas palabras amigo, si la paz no existiese… el hombre no tendría ningún sentido.

– Pero, ¿Qué hay de nuestro mundo? Si la paz es lo último que veo… Le pregunté con voz de un niño esperando respuesta consoladora.

– La paz del mundo no es una utopía, es una realidad que no alcanzan a ver los ciegos. Es algo que está en proceso. No seamos ciegos y tapemos nuestras vistas con una mano, esa mano llamada escepticismo. Siempre que exista un individuo dispuesto a sacrificarse en nombre de la esperanza y del amor, existe la oportunidad de renacer a la raza humana de las cenizas en las que nos hemos bañado. Siempre que exista un grupo de personas dispuesto a trabajar por los demás, hay esperanzas de que resurja el rio subterráneo de la vida y haga florecer a todo lo que parece marchito. Y a lo largo de mi vida, aún en los más “malvados” he conocido destellos y actos de amor verdadero; por lo que mi fe en esta revolución de amor cada día en mí se acrecienta.

Quedé en silencio por unos instantes mientras mi cerebro intentaba procesar su información. Me sentía aliviado, ligero, sin tanta confusión… Algo en mi decía que era el lugar donde tenía que estar, el lugar donde quería estar… viré mi mirada hacia la pradera y un águila bajaba velozmente hacia el suelo, se detuvo bruscamente antes de llegar a unas rocas que se erguían a unos cuatro metros de alto, posó en ella extendiendo sus alas y daba la impresión que la misma nos dirigía su vista hacia nosotros. Giré mi cara hacia Damian para comentarle del águila que nos observaba cuando me percaté que solo había una nota en su lugar que decía:

“Un gran hombre con gran nombre hoy he encontrado. Hasta pronto, montaña fuerte”.

E.H. Ali