Vive mucho… vive mucho…

Tenemos una tendencia infernal  en alejar a las personas que nos quieren. Lo hacemos por miedo, por el ego, o simplemente porque nos encanta estar nadando en el mar del drama. No lo sé, esa satisfacción de vernos en discordia, de humillar al otro, de pisotear a la gente aun y ellos ya se encuentren en el suelo. Terrible locura que me da nauseas, me asquea. El afán de ser más haciendo menos a alguien. Interminable lucha de ignorancia, la cual maneja a sus dueños; los amos como marionetas son manejados por un puño de impulsos vanos y mediocres. O en su caso manejados por el “que dirán”, esgrimidos por la opinión y decisión ajena. Porque como dice un buen amigo-sabio: “Navegar en el mar de las complacencias es navegar en el océano de la frustración”.- Porque no se puede ni se debe intentar de  darle gusto a todo el pinche mundo.

Nos invade la miopía toda la vida, justo para darnos cuenta de esto unos momentos antes de entrar a la caja negra que se entierra 6 pies bajo la tierra, esa caja que no vuelve a ver la luz del día.

Saboteamos nuestros sueños, nuestra realidad, nuestras amistades, nuestras creencias; saboteamos lo que somos por migajas de una falsa victoria, cuando en realidad se está perdiendo todo. El momento de poder ser realmente felices y de hacer sentir de la misma manera a los demás que nos rodean.

Pulsemos pausa… y volvamos de nuevo al aprendizaje después de una crítica.

Cabe decir que hay algo rescatable de todo esto. Aclaro, a mi punto de vista. Todos estos teatros son momentáneos, algunos son más cortos que otros. La razón se hace presente en el mejor de los casos y todo queda en el olvido. Se suma a la lista de experiencias que llamamos madurez. Y si se aprende de ello, se crece como persona. Lo importante en esto es que no podemos, ni debemos ser manejados  por estos impulsos infantiles  que solo les acompaña su amiga desgracia. Revisar hondamente nuestro baúl debe ser una tarea diaria, no seamos de mirada corta y de piernas débiles. Debemos formar un criterio fuerte hacia las situaciones de la vida, los remos son nuestras acciones, no dejemos que la corriente de lo “ajeno” te arrastre hacia el remolino de la frustración y el olvido.

Muévete, haz algo. Inventa., conoce, viaja. Cállate cuando tengas que callar, habla cuando tengas que hacerlo. Hazlo sin pena. Hazlo sin miedo. Medita y piensa antes de hablar. Trabaja con todo tu esfuerzo y se inteligente. Ponte retos, cúmplelos, aunque sean pequeños. Lee mucho, sonríe mucho, abraza mucho. Vive mucho… vive mucho…

E. H. Ali

 

«La desesperación es el dolor de los débiles» – Jean Dolent (Escritor Frances 1835-1909)

Photo Credit: Wade Bruton (Self Made Man)