— ¿A quién queremos agradar? Le pregunto el joven a su padre
— Buena pregunta hijo. La verdad es que no tengo esa respuesta… Cuando somos niños queremos agradar a nuestros padres, buscamos su aprobación, evitamos que nos regañen por nuestra inmadurez, evitamos nos regañen por nuestras calificaciones y nuestro comportamiento. Lo hacemos sin siquiera ser conscientes en su totalidad. Solo buscamos su aprobación de una u otra manera. La lógica diría que lo hacemos porque somos totalmente dependientes de ellos, y los necesitamos para poder seguir comiendo y durmiendo en casa. Luego crecemos un poco y en la escuela intentamos agradarle a los niños para poder pertenecer a cierto grupo, intentamos agradarle tal vez a alguna chica que nos gusta, intentamos agradarle a la o el maestro de la escuela para salir con buenas notas en las materias. Y como nuestra mente se expande y el alcance de nuestros círculos sociales también, empezamos a esforzarnos por agradarle a más gente. Y así crecemos intentando agradarle a gente que ni siquiera conocemos. Después intentaras agradarle a tu jefe del trabajo, a tus compañeros del trabajo, a tu familia o pareja, a todos. Forzamos nuestra conducta respecto a las normas establecidas en los círculos que nos rodeamos. En realidad te conviertes en uno más del montón, pero no lo sabes. No hasta que tu mente madura lo suficiente para entender que todos tenemos nuestra personalidad. Que todos tenemos diferentes formas de ver la vida y todo de lo que ella emana. De todas formas ya es muy tarde, siempre intentaras agradarle a la gente, o al menos a algunos. ¿Por qué? Porque se siente bien… Se siente bien ser aceptado, ser reconocido, tener personas a tu lado y abogando por ti. Ahora, lo trascendental de esto es que te darás cuenta que la persona más importante a la que hay que agradar es a ti mismo. Intenta siempre agradarte a ti mismo, que te sientas bien contigo mismo, busca la forma de encontrar lo que te agrada y regálatelo diariamente. Al hacer esto olvidaras las mascaras que usabas antes, no tendrás que fingir ser alguien, serás tú mismo y aprenderás las formas de tratar a las personas para no hacerlas sentir mal en su vivir. A eso hemos venido a este mundo, a ser nosotros mismos y ayudar a los demás a que se encuentren con ellos mismos; sin forzar la corriente del rio, serás como agua que fluye, transparente y limpio. Sin mortificaciones vanas del que dirán. Sin sufrimiento extra, con templanza en la acción y en la relación con las personas. ¡Alegre! Alegre y sonriente, inspirador y ligero. Lleno de vida y de respeto a la misma. Honorable y responsable en tus acciones. Con confianza en tus posturas, pero con madurez para saber que no lo sabemos todo. Y créeme hijo mío, esto es lo que más agrada a todo el mundo…
— Gracias padre, lo entiendo. Contesto el joven con la vista fija al horizonte, donde el mar se hacia uno con el cielo. Y recibió de regalo una fresca brisa proveniente de lo desconocido…
E. H. Ali
Cierto, cierto , cierto !!!
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