Si tu boca es una bóveda,

robaré todos los besos que se encuentran en ella.

 

Si tus ojos son el cielo,

saltaré desde ellos hacia el vacio.

 

Si tus brazos son abrigo,

dejaré me cubran de la gélida noche de los días.

 

Si tus palabras son alimento,

comeré por siempre del fruto de la felicidad.

 

Si tu mente es un enigma,

exploraré y navegaré gustoso en lo desconocido.

 

Si tus caricias son la calma,

olvidaré el Tíbet, la cascada y la montaña.

 

Si tu corazón es oro,

seré  el hombre más rico sobre la tierra.

 

Si tu sonrisa detiene el tiempo,

intentaré que no corra un segundo más del mismo.

E. H. Ali