Todo individuo está lleno de pretensiones, ideas, limitantes, miedos y sueños. Deseos muertos y otros en proceso de morir.

La noción de lo que somos está íntimamente ligado a nuestro entorno, a lo que nos ha tocado vivir. Es nuestra realidad, nuestro “circulo” más próximo de cómo son y deben ser las cosas. Ese “circulo” nos dicta nuestro comportamiento, nuestra moral y nuestros sueños; nos adaptamos a el para poder sobrevivir y progresar dentro del mismo. Pequeños peces en un loco frenesí para controlar esa pecera en la que vivimos, esa pecera de paredes invisibles, transparentes barreras que nos aprisionan y nos limitan…

No encuentro cara más grata que aquella que acaba de descubrir que esas barreras son fáciles de cruzar, que la libertad de entrar o salir de esa pecera es realmente sencillo de conseguir. Esa cara que descubre la infinidad de peceras a su alcance, esa cara no tiene precio, y no pudiera tenerlo nunca. Ahí, donde apenas comienza el viaje del descubrimiento interno y externo. Donde se rompen los antiguos esquemas y se desmoronan los castillos de arcilla, ahí donde se encuentran herramientas nuevas para construir otros nuevos y más fuertes.

La felicidad y la libertad son más cuestión de decisión que de alguna otra cosa. En lo personal, me encanta salir y entrar de esas peceras, descubrir lo que yo llamo, el común denominador de lo que mueve a la vida misma…

Las invitaciones de lo que llamamos destino tienen cara de decisión, inspiración y valentía. Y a todas ellas les acompaña una tambaleante sonrisa sabor a gloria e incertidumbre. Sabor a gloria e incertidumbre, repito…

E. H. Ali