Dialogo 1

— Si la perseverancia lleva a la maestría de lo que amo, quisiera cambiarme el nombre a Perseverante.

–¿Y donde dejas a nuestro amigo Genio?

— Estimado, todos somos genios en algo. Solo que, a veces no sabemos en qué lo somos.

–¿Qué tan seguro estas de tus palabras?

— Difícil es contestar tus palabras con suprema certeza. De lo que hablamos tu y yo no puede ser cuantificable, no podemos saber, ni intentar adivinar el número de gente que ha abierto los ojos al genio interior. A veces el tiempo hace que tropieces con una piedra y a la hora de lavarte las manos para remover la sangre, algo despierta desde la profundidad del alma, otras veces el tiempo solamente susurra la respuesta a nuestros oídos y descubrimos lo que somos; solamente porque estábamos escuchando atentos. Otras personas tienen que empezar una gran búsqueda y recorrer miles de kilómetros solamente para encontrarse a ellos mismos. Pero también existen esas personas que no les sucede nada de lo anterior y pasan los días, y los meses, y los años, y ellos siguen ahí, estáticos, como hipnotizados por la cotidianidad. La vida tiene un sinfín de caminos a seguir, algunos solamente son más agradables que otros y de eso querido amigo, estoy totalmente seguro. Deber nuestro es escoger el camino de nuestra preferencia. La buena noticia es que, podemos cambiarlo a nuestro antojo.

— Entonces. ¿El despertar al genio interior depende mucho del camino que nosotros escojamos?

— Te contestaré tu pregunta con otra. ¿Acaso se necesita solamente un gran barco para cruzar el océano? ¿O se necesita también de la destreza del marinero?

–Entiendo tu punto, sin embargo. ¿Qué pasa con aquellos que lo buscan y no lo encuentran?

— Hermano mío, a veces la misma pregunta es la respuesta y siempre el mismo viaje de la búsqueda es el destino. En la vida no nos movemos de un punto A hacia un punto B y consiguiente. La ilusión del movimiento y el tiempo nos regalan esa percepción para que el cerebro entienda mejor la realidad. Déjame te explico más detalladamente.

Si estar en A y querer llegar a B es una proyección al futuro, no existe. Si estar en B y voltear a ver atrás, hacia el punto A, es una proyección al pasado, tampoco existe. Entonces, lo único que nos queda es el momento, el caminar sobre esa línea en el presente. El punto B no te da per se la experiencia, te lo da el trayecto que tomaste para llegar a el. El que no encuentra a su genio, es aquel que observa los puntos A y B, en lugar del recorrido tomado hacia esos puntos, esto, para muchos, es como la revelación de un gran secreto, cuando en verdad es la única realidad que existe. La realidad del momento. Todos nuestros recuerdos y memorias de nuestros ancestros, todo lo que podamos ser como personas, como especie, todo, todo converge en este instante. Aquí. Ahora, donde tú y yo conversamos.

— Maestro, me siento libre al escuchar estas palabras. ¿Por qué?

— Porque lo eres, lo somos. Al sembrar esta semilla en tu cabeza te das cuenta que germina rápidamente, los frutos son casi inmediatos. Los frutos de reconocer el tiempo y a la vida en el momento son de paz, una paz interior extraordinaria. Esa paz que nos hace libres. También tengo que comentarte que este conocimiento que ahora tienes es ahora parte de tu obligación esparcirlo por cuanto hombre y mujer cruce en tu camino. Los frutos del árbol se crean para alimentar al prójimo, de lo contrario, estos marchitan y mueren.

— Lo que dice tiene sentido maestro, pero si soy alumno. ¿Cómo puedo ser también maestro?

— Los niños en su ignorancia son los más grandes maestros de la vida, nos enseñan tanto mientras nosotros intentamos educarles. Todos somos alumnos y maestros en lo que compete a la existencia. Sería el mayor mentiroso de todos los hombres si dijera que no he aprendido tanto de ti, como tu de mi. Un maestro no sería maestro si no aprendiera, y un alumno no sería tal si no enseñara. Así, aquí en la tierra, todos tenemos algo que aprender y algo que enseñar en nuestra estadía.

— Le prometo que intentaré ser el mejor alumno y maestro que pueda llegar a ser. Lo intentaré día a día, sobre los campos llenos de flores, bajo la montaña y sus cascadas. Sobre el rio del bosque y las ciudades repletas de gente. Esa es mi promesa gran maestro.

— Querido amigo, te lo digo de corazón. Las palabras que hoy te digo y las que te dirán la vida, no son para que se las prometas a nadie. No me prometas a mi algo que es tuyo, no le prometas a nadie lo que a ti en tu esfuerzo te compete. Promételo solamente a ti  mismo y a tus huesos. El deber para mejorar día con día es contigo mismo. Ser mejores personas que el recuerdo, así, nunca romperás una promesa con nadie y cumplirás la promesa por y para todos. Motívate y alégrate cuando tus palabras y acciones muevan al prójimo, al ver la sonrisa en su rostro, que el reflejo de su trabajo sea igualmente al tuyo. Pero, en silencio. Siempre en silencio, los actos buenos y nobles se hacen para mejorar al mundo, para hacerlo más ameno, para respetar la vida y que ella te regrese su sonrisa. Nunca lo hagas para engrandecer tu ego y tu nombre. No hay caída más dura que la de perder el suelo por falta de humildad.

–Cierto, mis emociones me hacen hablar de mas o de menos cuando están alteradas. Sean emociones buenas o malas, casi siempre me sucede esto. Maestro, ¿Cómo contralar esto?

— Uno no puede controlar los ríos que bajan de las montañas, ni la avalancha que desciende de lo alto con toda su furia, tampoco la lluvia que riega los campos, bosques y selvas. Uno no puede saber el momento en que ellas se presenten; solamente se puede reaccionar ante ellas. Y ahí, es donde se encuentra tu respuesta. Las emociones llegan como rayo a nuestro sistema, la clave para controlar nuestras reacciones viene del conocerlas. Del conocernos y estar consientes de su llegada. Es un momento crucial para sentarnos y hablar con ellas, entender sus verdaderas intensiones, esos huéspedes de honor deben ser atendidos de gran manera por la conciencia.

Te digo entonces. Así, las emociones más desagradables dejaran de visitarte con frecuencia. La ira, el odio, la avaricia, el miedo, los celos y la envidia no son para nada amigas de la conciencia; que en tu casa siempre more la conciencia.

— Y la conciencia es fruto de estar siempre en el momento presente. ¿Cierto?

— Así es amigo, son dos cosas que se funden en lo mismo. Uno no puede ser realmente consiente sino se encuentra en el presente, y uno no puede estar en su totalidad en el presente sin estar consciente de ello. Son como la vida y la muerte, en parte distintas, pero una no existe sin la otra.

–¿La vida y la muerte? Explíqueme su punto de vista maestro. Yo las veo como totales opuestos. La vida es vida y la muerte es muerte. El día no puede ser noche y la noche no puede ser día.

–¿Qué es el día sin la noche? ¿Qué es la noche sin el día? Que tu mente no piense siempre en absolutos. Todo es cíclico, el día no pudiera existir sin la noche y viceversa. Al igual, todo lo que muere tuvo que tener primero vida. Lo hermoso de la vida, irónicamente es la mismísima muerte. Nos recuerda que el tiempo que tenemos se acorta a cada instante. Recuerda que, el amor no es aprensivo y si amas la vida tendrás que dejarla ir en algún momento. Después de ese momento de muerte, ningún hombre o mujer en esta tierra sabe lo que nos espera. Por ende, me ocupo más en que esta vida se quede con más vida al momento de mi partida.

–Siento un poco de nostalgia, pero lo entiendo. Si solo fuésemos eternos…

–Y… ¿De qué serviría ser eternos?

— Pudiéramos hacer y aprender todo eso que deseamos, conocer todos los rincones del planeta. Abrazar a nuestras familias por siempre, jugar, reír y cantar con nuestros amigos. Ser realmente felices…

— Te estimo demasiado para contestarte algo a cerca de tus palabras sobre el ser eternos. Tampoco te lo reprimo, puesto que falta que camines mucho trecho por el sendero de la vida. Entenderás que lo que ahora te acongoja es algo imposible de cambiar, uno no puede hacer crecer un tercer ojo en su cara por el motivo que vería mejor, ó una mano extra para tener más destreza. Que no te quiten tu paz las ilusiones de lo imposible. Que como te dije antes. ¿Cómo apreciaríamos la vida si esta no terminara? Aún el sol sabe que, el calor que brinda acabará en algún momento.

–El ciclo del todo…

–Cierto

–Terminaremos bajo tierra, donde los gusanos tendrán un festín con nuestro cuerpo. Qué tristeza.

— ¿Y porque no tendrían el derecho de alimentarse ampliamente con nosotros? ¿Crees que tu existencia es más importante que la de otros seres vivos?

— No, yo solo decía que..

–Que ellos no tienen derecho a comer.

–Si tienen, pero…

–Pero de nosotros no. ¿O a que te referías?

— Me encuentro en un callejón sin salida con tus respuestas.

— Hermano mío, no he dicho ninguna respuesta- Solo te he hecho un par de preguntas y repetido dos afirmaciones que tú hiciste. Ahora ves el resultado de lo que intento hacer aquí. Las respuestas para la mayoría de las cosas se encuentran dentro de nosotros mismos. Fundamental es preguntarnos a cerca de nuestra pregunta. Deshacer los hilos de nuestro pensamiento uno a uno. Ese es el camino del conocimiento personal, ese que como brújula intentara llevarte a los campos de la verdad y dejara atrás los callejones sin salida de la ignorancia. El que ama y respeta a la vida y a todo lo que habita en ella, tiene la brújula más precisa incrustada en su corazón.

–Anhelo tenerla. ¿Cómo me daré cuenta de que ya la obtuve?

–El agua al calentarse. ¿Se evapora en un instante?

–No, tarda un tiempo necesario para empezar a bullir.

–De igual forma aparece esa brújula en nuestro corazón, hay que calentarlo un buen tiempo hasta que de repente, nos estamos evaporando en el mismísimo amor. Para dar amor, hay que convertirse en el amor.

–Amo nuestras charlas maestro…

–Como no tienes una idea maestro, como no tienes una idea…

E. H. Ali