Navega el capitán sobre un mar de incertidumbre,
asustado ve como vienen las olas,
su experiencia que proviene de adentro suena las alarmas,
sus ojos fijos observan para poder actuar conscientemente.

Asombrado recuerda lo que antes le ha sucedido,
no puede cambiarlo tampoco,
no puede cambiar la naturaleza de las cosas,
una lagrima corre de prisa por sus mejillas.

El curso del barco se dirige hacia la gran tormenta,
otra de esas tormentas,
el esfuerzo por cambiar de dirección es en vano,
fuertes son los vientos del destino.

Se alzan las velas y todo toma velocidad,
el viento húmedo acaricia su cara,
los latidos del corazón aceleran de manera gradual,
la decisión está tomada.

Voltea a ver al cielo para pedir ayuda,
su mirada enflaquece,
se torna distante,
triste…

La dirección de sus pupilas ahora hacia el timón,
las manos arrugadas hacen su función,
no hay salida,
solo una, solo una…

Los vientos de la tormenta azotan el barco,
azotan el alma,
tiembla todo de repente, los gritos internos también surgen,
el miedo dice con voz fuerte: ¡Presente!

¿Estatus de la misión? —Se preguntó.
Tripulación: Ausente
Carcasa del barco: Daños en el interior y exterior. Irreparables…
Velas: Rasgadas casi en su totalidad.
Provisiones: Nulas, salvo un puñado de esperanza y un par de huevos.
Pronóstico final: Imposible salir vivo de esta. Pero si muero, moriré luchando. —Terminó su pensamiento de golpe y todo se torno negro.

— No encuentro otra manera de morir más amena que, dar el último suspiro haciendo lo que más me apasiona. Llévame en paz viejo amigo, que pronto seremos uno, como ola y espuma… – Dijo en voz baja; seguido de una modesta sonrisa mientras flotaba…

E. H. Ali