No pudiera quejarme nunca de la vida,

de esas maravillosas notas que surgen del piano,

del paisaje inmaculado que alcanza mi vista hacia el horizonte,

no pudiera quejarme nunca.

 

Basta con abrir los brazos para abrazar al infinito… también a un ser amado.

 

No pudiera quejarme nunca de los días,

se abalanza el tiempo con fuerza descomunal,

imperceptible fluye, y los años, y los meses, y los días, y sus horas,

el espejo y la experiencia me lo recuerdan día a día,

no pudiera quejarme nunca.

 

Basta con cerrar los ojos y observar lo que está adentro… también lo que está afuera.

 

No pudiera quejarme nunca de mis errores,

heridas de muerte que han sanado,

heridas de vida, de recuerdos y momentos,

no pudiera quejarme nunca.

 

Basta con respirar para enaltecer la existencia… también al dejar de hacerlo.

 

No pudiera quejarme nunca de los colores ni los olores,

regalo divino para nuestra corta estancia,

infinidad de formas, infinidad de aromas por descubrir,

no pudiera quejarme nunca.

 

Basta con prestar fina atención a lo que nos rodea… también a lo lejano.

 

Me pido a mi mismo el no olvidar nunca estas líneas…

No pudiera quejarme nunca de lo que soy y quiero ser…

 

26/Jul/2014

E. H. Ali