El tigre y la amistad

Cierto día un tigre que se sentía muy solo, salió a buscar compañía; primero fue con la liebre, mas esta corrió inmediatamente al verle. Al seguir su caminata, el tigre cabizbajo vio a una manada de bisontes y corrió tras ellos para platicar, pero todos ellos entraron en pánico y temerosos que fueran comidos salieron corriendo en una gran estampida. Pasó el día y el tigre intentó acercarse a las cebras, las cabras y a los elefantes, pero todos ellos huían en su presencia.

Cansado y triste, se recostó bajo la sombra de un árbol, cuando así, de repente llegó un chimpancé que lo había estado observando todo el día, y le dijo.

– ¡Mi buen amigo! ¿Por qué esa cara tan triste?

–Mira pequeño chango, no tengo tiempo ni estoy de humor para tus payasadas. Contesto molesto el tigre con una mirada retadora.

– Por supuesto que no son payasadas gran gato, lo que sucede es que te he observado todo el día, ¡has ido con la liebre, los bisontes, las cebras, las cabras y los elefantes! Todos te han huido, ¡todos te temen! ¿Por qué estar triste si todos te temen y te respetan? Nadie puede hacerte daño en estas tierras, puedes andar y hablar a tu manera, hacer lo que te plazca sin que nadie te moleste. Querido tigre, estos son tus dominios y nadie se encuentra sobre ti. El tigre atento escuchaba y replico.

–Yo no quiero que me respeten, ni mucho menos que me teman, lo único que quiero es poder platicar con alguien, hacerme amigo de ellos y pasar unos buenos ratos juntos. Ese es mi mayor deseo querido mono.

Después de escuchar las palabras del tigre, el pequeño chimpancé bajó del árbol y con gran ternura lo abrazo y se quedó platicando con el por horas y horas, se hicieron buenos amigos y carcajearon toda la noche sin freno al compas de las risas.

Así, en los primeros destellos del alba, el tigre de un zarpazo y una mordida devoró al chango frenéticamente dejando un rastro macabro bajo aquel pacifico árbol, terminado su cometido, el felino se fue caminando con cara al sol en búsqueda de amistad…

E. H. ALI